domingo, 20 de noviembre de 2011
A falta de viajes más vistosos, uno puede salir por los caminos vecinales a disfrutar del viento, la tierra, el barro, los insectos. Hablando en serio: se ven las sierras, las flores, los paisajes de la pampa argentina, mientras se pedalea por aquí y por allá. He decidido que hay que publicar una ley obligando a la muchachada de los campitos a plantar un bosquecito cada 500 metros, dotarlo de un asiento y una fuente de agua. Los sacrificados ciclistas que pelotudeamos por los caminos rurales, lo merecemos.
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